El cuerpo se parte a voluntad, solo piernas, solo sombras. Gigantes polígonos blancos.
Sólo una rodilla y un codo se asoman en la deslumbrante plasta blanca. El recostado perfil de un vientre que respira, encuadrando sólo el pecho y la cadera a modo de paisaje y al rededor una gran oscuridad.
Tres mujeres esbeltas vestidas con pocas y holgadas ropas. Un chico gris al otro extremo. Tramoyistas que en silencio reencuadran la luz sobre los cuerpos femeninos, y a veces ellos mismos se bañan en el límite del rectángulo de proporciones 4:3 mostrando figuras y composiciones fragmentadas de sus siluetas y más allá del borde lineal un negro profundo.
La idea de crear un proyecto de danza cuya exploración principal sea la fotografía puede sonar descabellado; sin embargo, siempre creí fielmente en sus posibilidades porque resultan ser afínes a mis ideas y preguntas sobre el soporte, el tiempo, la materialidad, por lo que en esto reconsidero el sentido holográfico que Eduardo Kac le daba a las palabras escritas: “llevar la poesía a la dimensión viva”.
Nadia Lartigue fue becaria de Jóvenes Creadores 2008-2009 con el proyecto Punto bajo la tutoría de Raúl Parrao en la disciplina de danza, quien es, en mi apreciación, uno de los pioneros en México en llevar el arte de la escena a los confines arriesgados de los media.
El tema: el borde, el límite del espacio lumínico que verticaliza escenarios vacíos.
Expone lo estático y lo plano, el encuadre, el marco, el adentro y el afuera, llevado al espacio corporal a partir de aparatos tecnológicos rústicos, elementos lumínicos básicos y escenográficos mínimos.
Recrea el sentido del flash al detonar la luz y el sonido analógico de un proyector de diapositivas (sin diapositivas) sobre cuerpos en movimiento que se detienen. Siete proyectores, dotados de ruedas, parecen animales que observan mientras respiran con un ventilador, como personajes expectantes que observan al lanzar su propia luz y de manera tajante recortan cuerpos y encapsulan instantes.
Este trabajo de naturaleza móvil logra evidenciar a través de la interrupción del movimiento la reticencia única de la imagen fija. Maneja valores antitéticos que permiten establecer un diálogo dinámico entre lo efímero y lo perpetuo que es muy difícil conseguir. Desde mi punto de vista es un reto relevante traslapar estos conceptos duales, temporales y materiales, en un soporte frágil como lo es una coreografía de cuerpo y luz. Una propuesta mexicana y visionaria que ha requerido especial observación y sensibilidad en las formas en que el los aparatos técnicos modifican la corporalidad desde el punto de vista estético, rítmico y temporal, lo que considero interesante línea de investigación en las artes escénicas contemporáneas. Este experimento lo considero uno de los más relevantes de la generación, es arriesgado defender una apuesta intuitiva que pretende crear sinergias entre dicotomías polarizadas.
Punto
“Creación escénica que conjuga danza contemporánea y fotografía confrontando así una naturaleza móvil y a la vez efímera con el arte de lo instantáneo que perdura. El instante y el encuadre de la foto se convierten en ritmo y espacialidad, el objeto transformado en movimiento aborda nuestra impulsiva necesidad de poseer.”
Nadia Lartigue Zaslavsky