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Por Lilián Bañuelos
En la médula de la vorágine que gira en torno al asunto de la piratería, tengo un flashback. El primero, de cuando solía asistir a coloquios con académicos rockstars de la filosofía contemporánea, que fue hace no tantos años. En uno de esos encuentros universitarios, Ignacio Ramonet, actual personaje clave el estudio de fenómenos geopolíticos gestados en la era de la globalización, inauguró su charla de aquellos días con una soberbia analogía entre aquella gran ruptura suscitada con la llegada de la imprenta; haciendo una paráfrasis chafa de su ponencia, decía que trasladáramos aquel gran facsímil de la grafía de la letra A que iba de un molde a la materialización de la misma en papel y tinta (esto aunado a la idea de Foucault con respecto a la fractura epistemológica renacentista que ejemplifica con El Quijote) a los tiempos actuales, en donde ahora la materialización de la A no es precisamente una réplica de ella en papel y tinta, antes bien, el molde que la reproduce son una serie de ceros y unos. Para ser honestos, el conflicto que pronosticaba Ramonet, no lo pude constatar hasta muchos años después.
Cuando se habla de derechos de autor, es necesario situar la invención de la imprenta como los orígenes más remotos de la dichosa “propiedad intelectual”. “Los ciudadanos no eran los destinatarios de las obligaciones y prohibiciones de los derechos de autor porque la posibilidad de reproducir obras intelectuales no estaba en sus manos”, afirma David bravo Bueno, autor de la obra Copia este libro, (publicación distribuida en la red, la cual es posible descargar de manera gratuita y en donde además el autor exhorta a los lectores a reproducirla las veces que se desee), es decir que, en tiempos pasados el control de la expresión de las ideas resultaba mucho mas sencillo dado que muy pocos poseían las herramientas necesarias para reproducir las obras.
Con la llegada de la Internet y sus infinitas -y bien llegadas- posibilidades, entre las que ya es posible el intercambio obsceno y desmedido de información, o sea, de esa aurora epifánica de la que hablaba Ramonet al mencionar, en esos años de nuestras endebles mocedades teóricas, la gran ruptura que supondría la representación de la A a través de ceros y de unos. En otras palabras, la gloriosa era de lo digital dio por sentadas las bases de la masificación de la cultura, esa masificación por la que muchos, por años, clamaban.
Desde que la música posee las magnas dimensiones de difusión gracias a la red, las presentaciones en vivo se han disparado cual plaga imparable. Y es que la ecuación es pan comido: mientras más melómanos existan más gente desea pagar actos en vivo. Considerar el tráfico de música en Internet como un delito, como los grupos de poder dueños de emporios discográficos se han empeñado –sin mucho eco- en denunciar, se tendrían que perseguir, como delincuentes, a las hordas de tímpanos presentes en cada concierto.
El sistema que promueve la compra de una obra de arte bajo una lógica que no entiende del disfrute de una obra sin pagarla, en la que tenemos forzosamente que auto cuestionarnos ociosamente “¿cuán deseo aquello, cuánto soy capaz de pagar?”, no es otra cosa que la defensa de una estructura que no pretende por ningún motivo “proteger” la idea del creador, antes bien, desea proteger sus nichos económicos.
Algunos derechos reservados
Mientras vivimos el punto álgido de la guerra fría que actualmente sostienen las grandes corporaciones con los usuarios y webmasters de la red, así como la actual pugna entre productores de eventos, djs, propietarios de bares y discotecas, y hasta escuchas comunes y corrientes, con la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), organismo español que promulga el resguardo de la idea del creador original, quienes pretenden (o pretendían hasta hace unos meses) cobrar derechos cada vez que se tocaba tal o cual canción en una disco o cualesquier evento, al grado de llegar a irrumpir en una boda (evento por el que fueron acreedores de una multa por parte del ayuntamiento español); aparece Lawrence Lessing, profesor de la Universidad de Stanford y estudioso de los fenómenos sociales y culturales del ciberespacio, con el proyecto no lucrativo llamado Creative Commons. Este espacio funge como un mediador entre la absoluta protección de los derechos de autor y el dominio público bajo la leyenda de “Algunos derechos reservados”. CC persigue como principal objetivo ofrecer licencias modelo que faciliten la distribución y uso de contenidos. “Para facilitar el uso de estas licencias creó también un esquema gráfico para que el artista y usuario común puedan entender fácilmente los términos de estas licencias y a su vez se proporciona una serie de herramientas informáticas que permiten que las máquinas conectadas a la red puedan saber de los parámetros de las licencias bajo el cual se autoriza el uso de los contenidos”, reza el manifiesto en su página web. Miles de creadores son ya usuarios de este sistema que intenta difundir sus obras bajo el cobijo de un sistema libre y seguro.
¿Sabías que…?
La canción “Happy Birthday To You” es propiedad de Warner. Según la legislación estadounidense cantar esa canción en un restaurante sería un acto de comunicación pública ilegal por el que podrían pedirte una indemnización.
El grupo Lyons propietario del personaje de Barney, un dinosaurio de color púrpura, ha enviado más de mil cartas a dueños de tiendas de disfraces porque mantienen que la costumbre de muchos padres de disfrazarse de dinosaurios en los cumpleaños de sus hijos, viola sus derechos.
En EU algunas plazas públicas ya no lo son gracias al Copyright. El ayuntamiento de Chicago impide hacer fotografías en parques donde se expongan esculturas. Si lo haces, la policía te informará de que “el parque tiene Copyright”.
El grupo musical Planets grabó un tema que consistía en 60 segundos de silencio, al poco tiempo fueron demandados por plagio por los herederos de John Cage, ya que él había grabado y publicado 237 segundos de silencio en total. Los Planets argumentaron que su silencio era mejor que el de Cage, ya que consiguieron decir lo mismo en menor tiempo. El litigio se resolvió con un acuerdo extrajudicial donde Planets tuvo que pagar una indemnización de seis cifras no revelada.
A propósito de que dió un taller ayer de electrónica básica para textiles y materiales flexibles en el Centro Multimedia, resaltaré uno de los proyectos de este artista brasileño.
Un adulto parpadea un promedio de 24 veces por minuto, un parpadeo dura unos milisegundos y cambia según el estado de ánimo, una persona fatigada puede parpadear hasta 40 veces por minuto.
Ricardo toma esta estadística para idear una pieza (programada en MaxMSPJitter) que rescata esos momentos de ceguera repentina para mostrar la “película que no se ve”.
El usuario se coloca frente a un monitor para ver una película, una cámara colocada justo arriba de la pantalla rastrea el movimiento y la duración del parpadeo para que en ese mismo tiempo sea retransmitido en otro monitor lo que el espectador se pierde al parpadear, the unseen movie.
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Adding the “shut down” time to the 24 blinks per minute we can conclude that one has 1,2 seconds of blindness per minute which, in a 70 years life, is approximately 21 days with no vision. Unseen movie is an installation that aims to visualize what was unseen and broadcast those moments of blindness. In front a monitor the user watches a movie. A camera on the top of the monitor is connected to a computer that tracks the eyes and detects when they blink. Every time the user blinks the image that appears at that moment is broadcasted in another monitor in real time.
This installation makes possible that other people watch what was missed. The unseen movie
*Nota: La pieza Headbang Hero del mismo autor realizada en colaboración con Tiago Martins y Andreas Zingerle fue mostrada en Campus Party México el año pasado.
The Eye Writer Es un proyecto realizado por miembros de los grupos Free Art and Technology (FAT), open frame works, the Graffiti Research Lab, y The Ebeling Group. Con las contribuciones de Zachary Lieberman, James Powderly, Evan Roth, Chris Sugrue, Tony Quan, Theo Watson.
BUY & SELL TIME es un proyecto de Gustavo Romano, artista argentino multidisciplinario que ha visitado México en varias ocasiones presentando su trabajo en diversos festivales y foros. Alguna vez vi registros de una pieza suya (pequeños mundos privados) que involucraba un microscopio y un sistema de circuito cerrado cuya función era proyectar en el objetivo de tal aparato una toma cenital de una cámara colocada en el techo que registraba en tiempo real a todo aquel inocente sujeto asomado buscando alguna bacteria o bicho. Una especie de introspección sorpresiva e intrusiva de uno mismo por uno mismo. Regresando a la pieza de este post, Gustavo está trabajando desde el 2004 con la idea de vender y comprar tiempo a través de un banco en línea, en realidad es una especie de sistema de recuperación y flujo de tiempo perdido. La gente ingresa la cantidad de tiempo y el motivo de la pérdida. Los valores monetarios son sustituidos por unidades de tiempo, segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años. Recientemente hizo una acción que involucra a Ebay en el progreso del proyecto: BUY & SELL TIME (from Silicon Valley), me pregunto qué habrá sucedido porque el link de registro en Ebay no aparece…
El gasto siempre es una preocupación, la ocupación según creo, debería ser ¿en qué se gasta? ¿qué se gasta? ¿cómo se gasta? ¿cuál es el flujo o circulación de lo que se gasta en la vida? el tiempo siempre aparece en cualquiera de estos cuestionamientos pero la medición del mismo es toda una contradicción, es decir está regida por su aspecto relacional y sobre todo en términos de materia, obviamente nunca en abstracto, es una convención humana, o mejor, una alucinación que intentamos hacer funcionar para vivir en una época cómo esta. Sigo reflexionando…ultimamente he visto muchos proyectos artísticos relacionados con estos menesteres…ahora me ocupa más la idea de adicionar el factor de virtualidad que otorga la Internet. Se va poniendo bueno.
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BUY & SELL TIME (from Silicon Valley)
Hamilton Ave , San Jose, CA. September 2009.
Service of buying and selling time offered by eBay.
Time Notes presents its time credit line.
If you had one minute, one hour, one extra year in your life: what would you do with it?
Place your bid for the time that you need and tell us how would you spend it.

Hace un rato que saltó a mi vista un juego sencillo para generar patrones a partir de pixeles de colores RGB por medio de #hashtags, es decir #red #green #blue dentro de una mención de un tweet. Se llama Twixelit, Ideada por Greg Meredith, implementada por DFectuoso.
“This is a very simple prototype of a game. Send a twit with the @twixelit mention and one of the following tags: #red #green #blue #black #white to add or update your pixel.”

Trinchera es un ensamble de artistas visuales que trabajan con arte cinemático.
Proyectores de diapositivas, proyecciones de 16 mm, video feedback y sonido en vivo.
Se presentarán este sábado 16 de enero de 2010, en el Laboratorio de Arte Alameda.
Line up:
Rafael Balboa (16mm loops / film performance)
Manuel Trujillo (16mm loops / film performance)
Aisel Wicab (35mm dual-slide carrousel)
Elena Pardo (16mm loops / animation)
Cristiana Miranda (16mm loops)
Manolo Garibay (35mm dual-slide carrousel)
Sebastián Solórzano (overhead projector)
Omar Espinosa (overhead projector)
Jania Alarcón (overhead projector)
Bruno Varela (video-feedback)
Yurián Zerón (16mm droid)
Juan Pablo Villegas (live electronics)
Salvador López (live electronics)
Manuel Gutiérrez (live electronics)
Bruno Bresani (noise)
Special Guest:
Christopher May (The International Experimental Cinema Expo)
Supporting Crew:
(On-Stage)
Catalina Holguín (16mm projector)
Enrique Arroyo (16mm projector)
Laura Espinoza (16mm projector)
Margarita Posada (overhead projector)
(Off-Stage)
Francisco Gómez (video)
Marion Huerta (photography)
Angelhic García (photography)
curador: Jesse Lerner
International ensemble of artists based in Mexico City
Analog also experimental cinematic performance, 16mm loops, 35mm dual-slide carrousels, overhead projectors, live electronics, noise.
Live at Laboratorio de Arte Alameda, January 16th, 2010. Mexico City.

A estas alturas creo que mucha gente está familiarizada con Twitter (si no, den click en el link). Para mí ha sido una gran plataforma de comunicación este último año y medio de mi vida, a pesar de que lo había visto y utilizado previamente. Es rápido, sencillo, muy conveniente para la espontaneidad. He conocido gente y visto muchas cosas en este tiempo que han llamado mi atención y cabe mencionar que dejé el ejercicio bloggístico -valga el término- por utilizar twitter cómo mi modo de absorber y difundir datos. El auge o popularidad que tomó en México está más o menos vinculado con la etapa fóbica de la influenza (corríjanme si estoy mal). Uso de arroba, hashtags, caracteres que grafican emociones (emoticons lingüísticos, valga la aberración) expresiones, twittpics o fotografías, el acortamiento de URLs, por mencionar pocos que me vienen a la cabeza y que se están asimilando en la vida diaria de sus usuarios. Voy a enlistar brevemente cada semana y con una descripción por igual algunos proyectos que me parecen remarcables por su efecto, disfunción o fenomenología según mi percepción de seguidor (follower).
Este proyecto está realizado por Jodi.org Jodi son Joan Heemskerk y Dirk Paesmans, han visitado México con anterioridad invitados por Arcángel Constantini como parte de la curaduría de Inmerso Cyberlounge del Museo Rufino Tamayo. La cuenta de twitter de @sk8monkey hace updates de los resultados textuales que resultan de chicos que utilizan teclados de computadora como patinetas.
El plantón sonoro se llevara a cabo el día Sábado 19 de diciembre a partir de las 4 de la tarde en el parque Ramón López Velarde.
Más información aquí
Dorkbot cd de México se creó a mediados del 2006 y desde entonces promueve encuentros para mostrar proyectos vinculados a prácticas como el net art, arte sonoro, instalaciones basadas en dispositivos electrónicos, arte en espacios públicos con estrategias tecnológicas, circuit bending, screen based art, hardware hacking, etc.
Cada fin de año dorkbot ha realizado encuentros en donde, de manera colaborativa, intentamos mostrar el trabajo de algunas de las personas que se encuentran produciendo o investigando en las aéreas de arte, ciencia, tecnología y medios.
Para esta ocasión planeamos realizar un plantón sonoro en el cual podrán presentar su trabajo todas aquellas personas que se encuentren produciendo algún tipo de proyecto o instrumento sonoro vinculado con las prácticas del dorkbot.

Fui toda mi infancia a la Ollin Yoliztli a estudiar solfeo, guitarra, flauta.. etc.. y si llegué a aprender algo quedó enterrado en lo más profundo de mi subconsciente, recuerdo que eran tardes terriblemente tediosas y más que música enseñaban a reconocer y repetir mecánicamente nombres de notas. Desde entonces he tenido la necedad recurrente de intentar producir ruido agradable.
Alguna vez jugué con el Reason. Lo que hacía era conectar varios delays con el feedback a tope, meter un ruido y dejarlo dando vueltas, había que tener cuidado con no tronar las bocinas, luego se podía mover el tiempo del delay y se hacía un efecto como de scratch digital todo eso se podía conectar a otro de los delays y para que quedara loopeado, era muy básico pero se podía sacarle bastante provecho a una secuencia simple o a un ritmo básico y lo más importante: improvisar moviendo el tiempo del delay y por tanto el tono del sonido, grabando sobre otro delay dejando pasar solo algunos de los sonidos con el slider de la mezcladora, etc… la técnica sería un poco como el trabajo con cinta magnética que se hacían los compositores de música concreta en 60s. Llegaba a hacer sesiones de improvisación de hasta una hora y había partes muy rescatables pero también sucedía que los delays se saturaban y era un caos total o que no pasaba nada durante varios minutos. Improvisar con delays puede ser muy caótico y me hacia falta un poco más de control pero dibujar notas en una cuadrícula siempre me dio mucha hueva.
Ahora encontré un pequeño programa hecho con Max/MSP que permite una manera de improvisación similar: http://www.gleetchplug.com/Gleetchplug/main.html, es un poco un anti Ableton Live, tiene seis grabadoras que se pueden conectar entre si para grabar segmentos, mover la velocidad de reproducción, regrabar, seleccionar loops, poner efectos básicos, etc… No se puede secuenciar y los parámetros no se pueden guardar el disco, cada vez que se abre el programa es una página en blanco y según el autor es intencional para obligar al usuario a improvisar y probar cosas nuevas, aunque puede resultar tremendamente frustrante después de trabajar un par de horas en algo y que el programa crashee: all those moments will be lost in time like tears in the rain.
Otro acercamiento es el livecoding: usar lenguajes de programación (código en letritas de colores y símbolos esotéricos) para programar, procesar, sintetizar, secuenciar y disparar sonidos en vivo. SuperCollider es un entorno de livecoding y sin entrar demasiado en detalles consiste en un lenguaje de programación y motor de síntesis, el músico define sintetizadores y le dice al motor de síntesis que hacer escribiendo código en este lenguaje de programación, se puede hacer aritmética con la señal multiplicando, dividiendo, etc… Además hay en México una comunidad incipiente de usuarios de collider que se agrupa al rededor del Taller de Audio del Centro Multimedia.
La ventaja de entornos que combinan la programación con la síntesis como Max/MSP y SuperCollider es que permiten (después de un largo periodo de tortuoso aprendizaje;) crear herramientas a modo.
En lugar de aprender a usar SuperCollider decidí que sería más facil o por lo menos divertido emularlo en el lenguaje de programación que a mí me gusta: Ruby. Siendo que SC es dos partes y una de ellas es un lenguaje de programación se puede cambiar esta por otro lenguaje de programación y escribir la funcionalidad relacionada con la parte que sí produce sonido de SuperCollider. Así que llevo algunos meses trabajando en Scruby o SuperCollider-Ruby mi librería parasítica (depende del motor de síntesis de SuperCollider) para hacer livecoding sonoro con Ruby. Scruby es software libre.
Alguien que ha hecho música usando Ruby es Giles Bowkett, que aunque tiene un muy buen sentido del humor, escribe muy bien y promueve el consumo de LSD para programar mejor, recorre el circuito de conferencias de Ruby sin rendir tributo a los ancestros como si el hubiera inventado el livecoding.